Los tres trabajos del escritor 2.0

Abel Amutxategi

Autor de 'Su muerte, gracias' (humor à la Terry Pratchett), ' La tienda del señor Li' (road movie surrealista) y 'Berbontzi' (literatura infantil en euskera). Fiel devoto de Io y Monesvol, mataría a su editor por un buen barco pirata.

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Nadie dijo que fuera fácil ser un escritor 2.0… o incluso 3.0, porque parece que la expresión ya se nos va quedando un tanto vieja de un tiempo a esta parte. He tratado el tema con cada nueva Jornada del Autor, sin ir más lejos, pero hoy quiero hablarte de las tres ficticias bolas con las que tiene que hacer malabarismos cualquier autor que quiera llegar a vivir de esto hoy en día.

O, dicho de otra forma, los tres trabajos que deberá saber compaginar para salir adelante.

1. La escritura

Lógico, ¿verdad? Un escritor tiene que escribir. No voy a ahondar demasiado en este punto tan evidente, pero guárdate esta información en la recámara, porque será importante al final de esta entrada.

Así es como paso el 90% de mi tiempo de escritura

2. El marketing

¿Hace ruido un árbol que cae en medio del bosque si no hay nadie para escucharlo? ¿Sirve de algo un libro publicado si no hay nadie para leerlo? A veces no hacemos más que reformular una y otra vez las mismas preguntas.

El caso es que estamos en un mercado sobresaturado. En un mundo en el que los distribuidores piden novedades a las editoriales a un ritmo demencial y en el que, salvo excepciones, prima siempre la novedad (y el precio, por qué no decirlo) sobre la calidad. Así que más te vale cuidar tu presencia en Internet, asistir a eventos y encargarte de seguir vivo para tus lectores en lo que trabajas en tu próxima novela porque, de otro modo, nadie se acordará de ti para cuando la hayas terminado.

3. Alimentar nuestro pozo creativo

Bien. La mayoría de los nuevos autores son muy conscientes de que tienen que escribir (mucho y bien a ser posible) y de que tienen que cuidar a sus lectores (he dicho cuidar, ojo, repetir una y otra vez el mismo mensaje de “compra mi libro” no sirve más que para agotarlos… aunque a veces publiquemos también mensajes de “compra el libro de mi amigo”, sí). Pero muchos se olvidan de alimentar debidamente su pozo creativo.

¿Y qué demonios es un pozo creativo?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Pues nuestro pozo creativo es el lugar del que nacen nuestras historias. Esa especie de caja de compostaje en la que nuestras vivencias se mezclan con nuestras lecturas, con las películas que vemos, con nuestras pasiones, etc.

Uno tiene que escribir todo lo que pueda, tiene que aprender a hacerlo del mejor modo posible y tiene que venderse a sus lectores de una forma lo más eficaz posible. Pero si no renovamos el contenido de nuestro pozo creativo, si no arrojamos a su interior nuevas experiencias, nuevas lecturas y nuevos estímulos, terminaremos por escribir una y otra vez la misma historia del mismo modo.

Casi nada, ¿verdad?

Por si fuera poco tener que sacar tiempo para escribir, ahora también tenemos que enfangarnos en el marketing de guerrilla y que, aun así, nos quede tiempo para alimentar nuestra creatividad.

¿Cómo hacerlo? Dudo que haya ninguna fórmula mágica. Yo, al menos, funciono con una mezcla de métodos de la que puede que os hable algo más adelante. Pero podría ayudaros tener una buena higiene del tiempo para saber por dónde se os escapan las horas, aplicar a la literatura el famoso método Pomodoro o averiguar en qué franja del día sois más productivos.

A partir de ahí, soy de los que opinan que cada maestrillo debe tener su librillo.

¡Pero debe tenerlo!

De otro modo, corremos el riesgo de perdernos en la vorágine de la multitarea.

Un abrazo lector.

 

 

Hasta ahora tenemos 2 Comentarios.

  1. El título es muy sugerente pero el contenido bastante parco. Creo que daba para explayarte más acerca de cada tópico. Dices: “Cualquier autor que quiera llegar a vivir de esto hoy en día”.

    Anoche vi la entrevista a un famoso escritor mexicano, traducido a varios idiomas, y dijo que él jamás había vivido de sus libros, sino de su trabajo como editor. Alberto Ruy Sánchez, es muy conocido y con muchas novelas publicadas. Dijo también que un autor no debe pensar en hacerse rico de la literatura. Que sólo los escritores de best sellers se daban ese lujo. Perfectamente loable, por cierto.

    Entiendo a los autores que piensan en el dinero con sus textos pero mejor se esforzaran en escribir puros éxitos de librería. Lo tendrían a manos llenas. Saber lo que quiere y necesita leer el gran público sería el secreto.

    • Hay una gran diferencia entre hacerse rico con algo y vivir de ello. Conozco en persona a bastante gente que vive de la literatura, pero no conozco en persona a nadie que se haya hecho rico con ella (bueno, puedo que uno de esos autores sí que lleve una vida “holgada”, pero en fin… rico tampoco es).

      Más que escribir un best-seller, yo creo que la cuestión hoy en día es descubrir dónde se esconden los potenciales lectores de uno. Internet nos ofrece la posibilidad de llegar hasta ellos… si es que somos lo bastante sagaces, claro. Me temo que los escritores y editores “clásicos” andan todavía bastante perdidos en este nuevo mercado, es normal que echen pestes de él.

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