A lo largo de los últimos posts hemos estado hablando de uno u otro modo de los personajes. De su importancia en la creación de una buena historia, de la división entre Personajes Redondos y Personajes Planos, de cómo y cuándo podemos y debemos caracterizar efectivamente un personaje literario… pero hoy os vengo con algo nuevo: con un error muy común en el que todos hemos caído alguna vez.

Los escritores son a menudo gente culta. O al menos son gente que tiene una cierta cantidad de información guardada en el cerebro después de tantas lecturas. Personas que saben dónde buscar esa información cuando no la tienen. O como mínimo personas que quieren hacernos creer que saben dónde buscarla.

Mucha de esa información es vital para el desarrollo de la historia (pensemos por ejemplo en el Master en Medicina que tiene que hacer el escritor que empieza a crear una novela negra especialmente truculenta o en el curso rápido de Leyes que necesitará el que planee escribir un thriller judicial al estilo de John Grisham), pero hay otras ocasiones en las que los conocimientos del escritor no son más que una pesada losa que impide hablar a sus personajes.

Veamos este pequeño ejemplo sacado de uno de los libros más recomendados para este verano:

“El papel de pared estaba ampollado y sus junturas estaban torcidas. Una delicada tela de araña colgaba ligera entre el tapiz y el papel de pared, con una mosca muerta pendiendo de ella. Zara levantó la esquina del tapiz con un dedo, y la araña se ocultó rápidamente bajo él. Estuvo tentada de empujar el tapiz sobre la araña y aplastarla, pero entonces recordó que matar a una araña representa la muerte de la madre de uno”.

Y al recordar eso, claro está, Zara dejó corretear en libertad a la pobre araña.

Está bien que la autora tenga esos conocimientos, podría ser apasionante leer sobre ellos en un ensayo bien hilado que profundizara en los orígenes de esta y otras imágenes, pero a ninguno de nosotros se nos pasaría este pensamiento por la cabeza en el momento de descubrir una araña detrás de un tapiz.

Y, de la forma en la que está caracterizado en la novela, menos aún al personaje de Zara.

Debemos recordar siempre que quiénes deben hablar son los personajes.

Y que si ellos hablan… el escritor deberá callar para que la historia pueda sostenerse por sí sola.

PS: Por si alguien ha reconocido el texto y lo busca en la edición en castellano de la novela, decir simplemente que he traducido el texto del inglés, así que lo más seguro es que no coincidan todas las palabras.

Hasta ahora tenemos 7 Comentarios.

  1. Información Bitacoras.com…

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  2. Un blog muy interesante, me gusta mucho la temática que tiene ya que yo soy una aspirante a relatista…

  3. Renato dice:

    Tambien hay que tener en cuenta que hay cosas que el escritor debe contar y otras que es mejor que las cuente el personaje.Aunque también hay cosas que son un poco dificiles que las cuente el personaje y son mas la “ambientación” de la escena.

  4. IZHAR dice:

    Hola Abel y a tod@s.Soy nuevo en este mundillo y no sabia que hay tanta gente aficionada a escribir.Buscando aquí y allí algo que llene de fundamento mis textos diálogos y demás, os encontré y la verdad que es una experiencia realmente satisfactoria poder comparar observaciones con otras personas y compartir opiniones narrativas. Un saludo.., y a escribir.

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