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Hay que dejar claro desde un principio que lo que realmente sostendrá nuestro guión o nuestra novela será la historia que contemos en él o en ella.

El personaje literario que elijamos como protagonista tendrá que estar al servicio de esa historia y nosotros, a su vez, al servicio de ese personaje literario.

Así de fácil.

Si crees que esto no es así, no tienes más que tratar de resumir tu proyecto de guión o novela en una sola frase: ¿de que trata?

Si la respuesta es que trata sobre “un superdotado que trabaja como personal de mantenimeinto de una universidad” o sobre “un policía que recibe un caso especialmente complicado el día antes de jubilarse”… todavía nos quedará mucho trabajo por delante hasta llegar a descubrir realmente nuestra historia.

Y es que hasta que no la hayamos descubierto, no podremos escribirla.

El personaje literario y su caracterización

En muchos libros de teoría literaria más o menos afortunados se compara al genero de la narrativa breve con el mecanismo de un reloj, mientras que al hablar de la novela se tiene una manga mucho más ancha.

¿Por qué querría alguien leer un párrafo de más en una novela si no está dispuesto a hacerlo en un cuento?

Sonará a Perogrullo, pero la caracterización del personaje literario tiene que ser la justa y necesaria.

Ni mas, ni menos.

Tenemos que conseguir decir lo máximo posible con el mínimo de palabras, y hacer que esa caracterización ayude no sólo a describir a nuestros personajes literarios sino que también a situar la historia en el punto exaco en el que se encuentra.

Información de Relevancia

A nadie le interesará saber qué número de pie calza nuestro protagonista si esa cualidad no contribuye al desarrollo de la historia, pero sí que necesitaremos saberlo si el gran tamaño de los pies de ese personaje es algo vital para esclarecer un robo, como sucedía en un capítulo de la primera temporada de Los Simpsons.

Parafraseando a Chéjov, podemos decir que “si una pistola aparece en el primer acto de una obra de teatro, debe dispararse en el tercero“… o no.

Toda la información que presentemos debe tener alguna utilidad, y si esa pistola no ha sido disparada tiene que ser porque ha habido una razón de peso para ello. Nunca simplemente porque ese elemento no haya entrado en acción a lo largo de la historia.

El no disparar una pistola en un modo muy lícito de usarla. Pero alguien tiene que haberse planteado apretar el gatillo antes de volver la última página de nuestra para que el lector no se sienta engañado.

Aplicaremos este principio también a nuestros personajes literarios, haciendo que si nuestro protagonista usa zapatos con alzas sea para hacer ver que es inseguro, y si nuestro policía lleva el pecho lleno de tatuajes sea porque fue miembro de una banda callejera en su juventud.

Eliminaremos toda información que no sea relevante para la historia… a menos que esta información marque una diferencia, claro.

Pongamos como ejemplo la forma de describir un pueblo que tiene Ron Currie en ‘¡Todo importa!‘, libro sobe el que hablaremos más adelante en uno de nuestros ejemplos prácticos:

“(…) Recorro dos veces el dial de la radio, pero sólo encuentro música country y tertulias conservadoras. ”

Con sólo dos rasgos, ya sabemos cómo es el pueblo en el que se encuentra nuestro protagonista.

Esto mismo es lo que tenemos que conseguir hacer con nuestros personajes literarios.

Información que marca una diferencia

Antes hemos dicho que eliminaremos toda información que no sea relevante para la historia, a menos que esta información marque una diferencia.

¿A qué nos referimos con esto?

Nos referimos a que los cambios externos de un personaje literario pueden ser una forma tan sutil como potente de expresar los cambios que este personaje literario está sufriendo en su fuero interno.

Su piel se volverá más tersa y brillante cuando lo embargue la felicidad, sus ojeras crecerán y el pelo se le caerá cuando esté pasando por una mala racha… y el contar todo esto al lector es una buena forma de hacer que nuestra historia avance sin malgastar palabras.

A los lectores no les gusta perder el tiempo, y menos aún a los editores.

¿Por qué hacerles sufrir entonces?

Hasta ahora tenemos 8 Comentarios.

  1. […] Redondos y Personajes Planos, de cómo y cuándo podemos y debemos caracterizar efectivamente un personaje literario… pero hoy os vengo con algo nuevo: con un error muy común en el que todos hemos caído […]

  2. […] Redondos y Personajes Planos, de cómo y cuándo podemos y debemos caracterizar efectivamente un personaje literario… pero hoy os vengo con algo nuevo: con un error muy común en el que todos hemos caído […]

  3. […] que se encuentra cómodo, las compañías que le gusta frecuentar… todo eso forma parte de la caracterización del personaje literario y, del mismo modo, todo eso forma parte de la experiencia vicaria de la que tenemos que hacer […]

  4. […] que se encuentra cómodo, las compañías que le gusta frecuentar… todo eso forma parte de la caracterización del personaje literario y, del mismo modo, todo eso forma parte de la experiencia vicaria de la que tenemos que hacer […]

  5. […] Redondos y Personajes Planos, de cómo y cuándo podemos y debemos caracterizar efectivamente un personaje literario… pero hoy os vengo con algo nuevo: con un error muy común en el que todos hemos caído […]

  6. […] novela convincente es un trabajo que tiene muchas facetas. Algunos se sentirán cómodos diseñando personajes, otros escribiendo diálogos, los habrá que prefieran diagramar escenas y también estarán los […]

  7. […] del norteamericano Ron Currie. Ya utilizamos un ejemplo de esta obra para hablar sobre la caracterización de personajes literarios o lugares con sólo un par de rasgos reveladores, y no sería raro que volviéramos sobre ella más adelante […]

  8. Excelente material para socorrer a quienes luchan por evitar el filler (relleno) en su trabajo.

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