Estructura y Narrativa

Abel Amutxategi

Autor de 'Su muerte, gracias' (novela de humor à la Terry Pratchett) y 'Berbontzi' (literatura infantil en euskera). Enfermo de la literatura, músico en barbecho y activista en favor de la tilde diacrítica.

Estructura y Narrativa

A pesar de que cada autor  tiene su particular forma de enfrentarse, no ya sólo al mero hecho literario, sino que también a la construcción de una nueva historia, las novelas que nos atrapan como lectores tienen casi siempre algo en común: una misma estructura que parece hacer saltar todos los resortes de nuestro cerebro.

¿Por qué?

Algunos autores diagraman las escenas que compondrán su futura novela hasta el límite de asignar un número de páginas a cada una de ellas y otros se sientan a escribir con solo una vaga idea de qué es lo que sucederá en su novela. Pero, misteriosamente, los dos tipos de escritores llegan a un mismo resultado una vez finalizado su trabajo. O, al menos, llegan a un resultado que tiene la misma estructura narrativa.

¿Cómo puede ser esto?

Las historias que funcionan, esas que nos hacen querer leer siempre una página más antes de rendirnos ante el cansancio del día y dejar el libro en la mesilla para echarnos a dormir siguen una serie de patrones que el ser humano lleva utilizando desde siempre.

Pensemos en las historias fueron narradas oralmente antes de ser escritas.

La lectura es un acto (1) intelectual y  (2) solitario en el que el lector tiene la obligación de decodificar los símbolos dibujados sobre el papel para descubrir su significado. Cada mancha de tinta es un grafema que simbolizará o bien una letra en nuestro alfabeto occidental, o bien un signo de puntuación. Pero ninguno esos trazos de tinta tendría un significado si no hubiera un lector que lo descodificara en base a unos criterios comúnmente aceptados.

Todo lo que implica una participación, engancha. Bien lo sabían nuestros profesores cuando preguntaban en clase para no perder la atención de sus alumnos. Y ese trabajo intelectual del que hablábamos justo ahora es el responsable de que se nos haga muy difícil dejar un párrafo a medio leer una vez iniciada su lectura. Nuestro cerebro está tan absorto en la labor de traducir símbolos y agruparlos formando palabras, que crea una cierta distancia para con el mundo que nos rodea, defendiendo nuestra lectura de posibles interrupciones.

Pero una novela nos ofrece muchos puntos en los que poder descolgarnos de su historia sin mayor cargo de conciencia. Sin ir más lejos, el final de un capítulo. O simplemente el final de una página.

¿Por qué seguir leyendo cuando uno tiene sin duda cosas más importantes que hacer?

Las historias que sobrevivieron a los tiempos de la oralidad y se convirtieron en historias escritas, son aquéllas que tenían una estructura susceptible de atraer la atención del público. No sólo eso: son las historias que, además de atraer esta atención, consiguieron mantenerla hasta el final.

El cuentacuentos no hubiera podido comer de otro modo.

El cuentacuentos debió su supervivencia a la estructura narrativa, y por eso pudo dejárnosla en herencia.

¿Quieres saber cómo dominar esta estructura narrativa?

¡Síguenos en los próximos posts, o apúntate a nuestra lista de correo!

Share