Abel Amutxategi

Autor de fantasía humorística à la Pratchett y Moore ('Su muerte, gracias', 'Jo, jo, jo', 'La tienda del señor Li') y literatura infantil ('La increíble historia de Mara y el sol que cayó del cielo', 'Berbontzi'). Fiel devoto de Io y Monesvol, mataría a su editor por un buen barco pirata.

Latest posts by Abel Amutxategi (see all)

La estructura en tres actos se ha convertido en la norma en todas las escuelas de guion. ¿Te preguntas por qué? Porque este tipo de estructuras ofrecen un entorno seguro para que evolucionen nuestros personajes, mientras entretenemos al lector.

Además, también hacen que el ritmo de nuestra historia avance siempre hacia su necesario final y evitan que nos perdamos en rodeos que no van a ninguna parte.

Pero antes de hablarte de este tipo de estructuras, quiero decirte qué NO es la estructura en tres actos:

  • NO es una receta mágica para crear historias como churros
  • NO es un molde en el que embutir nuestra trama sí o sí
  • NO es una camisa de fuerza que coarte nuestra creatividad

Entonces, ¿qué demonios es la estructura narrativa en tres actos?

Estructura en tres actos

La estructura en tres actos es un patrón de divide la historia en tres partes bien reconocibles: los clásicos planteamiento, nudo y desenlace. Sólo que aquí, en un dechado de originalidad, hablaremos de primer acto, segundo acto y tercer acto.

Todas las historias se basan en este tipo de estructuras. Desde los cuentos infantiles, hasta las novelas literarias. Así que nuestro cerebro espera de forma inconsciente que las historias que le llegan cumplan con ese patrón. De no hacerlo echará algo en falta, aunque no sea capaz de decir qué es exactamente eso que no termina de funcionar.

 

La estructura en tres actos

La imagen que mejor representa el diagrama de una historia dividida en tres actos es esta de aquí:

estructura en tres actos

Imagen cortesía de Gráficos Amutxategi

Primer acto

En este tramo de la novela, la historia de verdad no ha empezado todavía. ¿A qué debes dedicar entonces este primer acto? Muy sencillo: a lo largo de este primer acto deberás presentar a tu lector el mundo de la novela.

¿Pero de verdad es algo tan sencillo?

Sí… y no.

Porque en este primer acto, que ocupará alrededor del 25% de tu manuscrito, deberás presentar todas las necesidades y debilidades que harán detonar más adelante el conflicto central de la historia.

Deberás hacer que el lector comprenda por qué actúa tu protagonista del modo en el que lo hace. Que empatice con él (que es algo muy diferente a identificarse con él). Deberás describir un entorno consistente que le sirva de apoyo a la posterior evolución dramática de ese personaje, todo eso mientras entretienes al lector y avivas su curiosidad, por supuesto.

Primer punto de giro

El primer punto de giro es el momento en el que todo salta por los aires. Sucede algo que hace que el mundo del protagonista cambie por completo. Y es importante resaltar que eso sucede contra su voluntad. El protagonista no decide adentrarse en ese nuevo mundo, sino que es arrojado a él por este primer punto de giro.

Primera mitad del segundo acto

¿Y qué sucede cuando lo arrojan a uno a un mundo extraño? Que no sabe cómo actuar ni a qué atenerse.

Así que tu protagonista se pasará toda la primera mitad del segundo acto aprendiendo a vivir en ese nuevo mundo.

Esta sección de la estructura en tres actos ocupará otro 25% de tu manuscrito, y es un lugar ideal para empezar a lanzar alguna que otra trama secundaria. Recuerda que estas tramas secundarias siempre deberán estar al servicio de la trama principal. Así que sería una buena idea utilizarlas para mostrar la forma en la que actúan otros personajes al encontrarse con problemas similares a los de tu protagonista, o, en definitiva, para ahondar de forma diferente en el Gran Problema Moral que será el eje de tu historia.

¿Qué estaremos haciendo con ello?

Trabajar el tema, mientras la trama avanza poco a poco.

estructura narrativa

Autor “sepsi” pensando en cómo hacer avanzar la trama de su novela del mejor modo posible

Punto medio

Poco a poco llegaremos al punto medio de nuestra estructura en tres actos. Y en este punto medio sucederá algo bastante curioso. Algo que hará que nuestro protagonista pase de ser un sujeto pasivo, a ser el sujeto activo que tire de la historia a lo largo de toda su segunda mitad.

Ese algo puede ser el descubrimiento de una nueva información, un aumento en la intensidad de la amenaza que se cierne sobre el protagonista…

Cualquier cosa, siempre y cuando le obligue a tomar las riendas de su propio destino.

Lo que, en una novela, equivale a enfrentarse a todos sus miedos y debilidades.

¿Ves por qué necesitabas tenerlos tan claros ya en el primer acto?

Segunda mitad del segundo acto

Parafraseando a Def con Dos, en esta segunda mitad del segundo acto “es la hora de los mamporros“.

Puedo que no literales porque puede que tu historia sea romántica, o una novela de aprendizaje, o lo que quiera que sea. La estructura en tres actos es tu amiga y jamás te obligará a nada. Pero sí que habrá llegado la hora de que tu protagonista tire del carro y luche por resolver ese conflicto el que le has hecho enfrentarse.

Segundo punto de giro

El segundo punto giro llegará sobre el 75% de la estructura en tres actos. Y supondrá la última nueva información que recibamos.

Después este segundo punto de giro, ni el lector ni el protagonista deberían recibir ninguna información relevante más. Esto tiene una consecuencia muy clara: habremos puesto ya todas nuestras cartas sobre la mesa y el final de la historia dependerá sólo del modo en el que nuestro protagonista consiga lidiar con el tercer acto.

Me dirás que has leído docenas de historias que se saltan esta recomendación a la torera y que te han sorprendido sacándose de la manga un gran giro final al estilo “séptimo de caballería”, pero… ¿te han dejado satisfecho este tipo de historias?

Pues eso.

Vamos a intentar hacer bien las cosas, ¿vale?

Tercer acto

El tercer acto ocupará en torno al último 25% de la novela y en él narraremos el modo en el que nuestro protagonista se enfrenta por última vez a su adversario.

Éste no tiene que ser un adversario real, no tiene que ser un “malo” al estilo de Dr. No ni mucho menos. Puede ser algo mucho menos corpóreo, más etéreo. Pero en todas las novelas habrá un adversario al que nuestro protagonista se tendrá que enfrentar. Si no, ¿dónde estaría el conflicto?

En este tercer acto nuestro protagonista luchará frente a frente contra sus peores miedos y saldrá victorioso… o no, claro.

En muchas historias se aprovecha para incluir una escena de “muerte y resurrección” en la que el protagonista parece perderlo todo, justo un momento antes de renacer transformado en una versión mejorada de sí mismo.

Pero el cambio de nuestro protagonista no tiene por qué ser positivo.

De hecho, no tiene por qué cambiar.

Y, en ese caso, el hecho de que no cambie a pesar de todos los avatares que ha vivido a lo largo de toda la historia, ya será algo bastante revelador.

¿Ya conocías este tipo de estructuras en tres actos? ¿Qué opinas de ellas? ¿Te parecen efectivas?

 

Hasta ahora sólo tenemos un comentario.

  1. Ham Bashur dice:

    Me gustó eso de: “…en un dechado de originalidad, hablaremos de primer acto, segundo acto y tercer acto.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.