Elige tu camino literario con sabiduría

Abel Amutxategi

Autor de fantasía humorística à la Pratchett y Moore ('Su muerte, gracias', 'Jo, jo, jo', 'La tienda del señor Li') y literatura infantil ('Berbontzi'). Fiel devoto de Io y Monesvol, mataría a su editor por un buen barco pirata.

En Islandia, a pocos kilómetros de Reykjavik, hay un parque natural llamado Thingvellir. El lugar es famoso por ser el epítome de la historia islandesa. Es allí donde se creó el Alþingi en el año 930, una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo. Ese parlamento se reunía anualmente para recordar las leyes, resolver disputas y castigar a los delincuentes.

Pero Thingvellir también es conocido por sus fallas y grietas. La más conocida de ellas es la que separa la placa tectónica euroasiática de la norteamericana. Por ella discurre el río Öxará, hacha en islandés.

Y a pocos metros se encuentra el Drekkingarhylur, la piscina de los ahogamientos, donde el Alþingi castigaba algunos de los peores delitos.

Porque, cada vez que se abre una grieta entre dos mundos, siempre hay alguien que sale mal parado.

La Anécdota

El pasado viernes 14 de septiembre se celebró en Bilbao la quinta edición de la Jornada del Autor en el Nuevo Mundo de la edición. Como siempre el día estuvo lleno de buenos momentos y, como siempre, también hubo lugar para profundizar en esa grieta que separa la vieja literatura de la nueva.

Y esto quedó patente en una graciosa anécdota que me ocurrió durante la comida.

Tuve el placer de compartir mesa y mantel con Marisa Blanco, directora literaria del Festival Gutun Zuria. El festival es todo un referente por el nivel de sus invitados, entre los que ha habido varios premios Nobel. Salman Rushdie, Chuck Palahniuk, Gao Xingjian… Es toda una suerte poder contar con autores de esa talla en una capital de provincias como Bilbao.

Pero la susodicha hizo un comentario un tanto desafortunado que es un fiel reflejo de esa grieta de la que antes te hablaba. Estábamos sentándonos a la mesa, cuando torció el morro (revelador gesto) y dijo: “me voy al Guggenheim a ver la exposición de Vasconcelos, porque lo que hay por la tarde no me interesa nada”.

¿Y qué había por la tarde?

La presentación de nuestros libros, claro.

Es decir: a esa reputada gestora cultural no le interesaba lo más mínimo saber qué nuevos proyectos habían visto la luz a lo largo del último año.

Nada. Rien. Niente.

Allí había compañeros autopublicados, otros que publicamos con editoriales independientes y otros que publican con grandes sellos.

Pero a ella no le interesaba nada.

¿Adónde quiero llegar con esto?

Muy fácil: a recordarte que debes tener muy claro quién quieres ser dentro de 5 años antes de ponerte a trabajar en tu siguiente proyecto.

Debes sentarte a planificar tu futuro y hacer oídos sordos a todo lo que no te ayude a acercarte a él.

También a las redes sociales, en efecto, porque allí verás un montón de gente que ha tomado otros caminos y a la que le ha podido ir bien, mal o regular en ellos.

¿Dónde te gustaría verte a medio plazo?

¿Quieres vivir exclusivamente de la escritura? Prepárate para aprender a compaginar las publicaciones tradicionales con la autoedición. A construir una sólida plataforma de autor y a escribir a un buen ritmo novelas que enganchen a tus lectores, sin preocuparte de la perfección de su acabado más que lo razonable (ya conoces el Principio de Pareto).

¿Quieres dar a conocer tu visión personal del mundo? Aprende y perfecciona el trabajo artesano de crear historias. Estudia y reflexiona sobre lo que has escrito para poder mejorarlo la próxima vez. Tu casa serán las editoriales independientes. Unas editoriales que se van a batir el cobre por tu novela, pero que llegan hasta donde llegan…, y es bueno que sea así.

Seguramente tengas que compaginar la escritura con algún otro trabajo (impartir talleres, escritura de columnas para medios, etc., o incluso algún empleo fuera del sector si te sientes cómodo con ello), pero eso no es malo precisamente. De hecho diría que este modelo es el que te dará más libertad creativa, aunque no sea el que te vaya a granjear más beneficios económicos.

¿Quieres epatar a los viejos dinosaurios y darte baños de multitudes en grandes ferias?

Aquí ya no sé muy bien qué decirte. Una opción bastante eficaz de conseguir esto suele ser morirse, pero a la mayoría de nosotros es un método que no nos acaba de venir del todo bien.

¿Por qué ferias con tanta solera como la de Guadalajara reservan un espacio a los autopublicados y en España los gestores culturales se ríen virtualmente de ellos?

¿Por qué nos empeñamos en mantener un modelo de distribución que machaca a las editoriales independientes, que son las que hacen que circule la savia de la nueva literatura?

Estas son preguntas para las que no tengo respuesta, porque mi trabajo es otro.

Mi trabajo es sólo contar historias.

Y está bien que así sea.

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